Los senderos de la vida nos pueden conducir a cualquier lado… que nuestros senderos interiores nos acerquen a la fascinación de la degustación. Porque no hay vuelta atrás. Una vez que el paladar abandona la lógica de distinguir sabores por cuestiones fisiológicas, una vez que comienza a educarse, las experiencias sensoriales integrales nos llevan ineludiblemente al deseo del placer por el placer mismo. Sólo para complacer a la totalidad de los sentidos.

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